La sombra que nos rodea

Estimada Sombra:

Te escribo para agradecerte, si así lo entiendes, todo lo que te has sacrificado por mí. Me imagino que es muy duro lidiar con una persona alegre, optimista, con ganas de luchar y aprender, con deseos de que mi país se convierta en algo mejor, que mis amigos triunfen, que mi familia sea cada día más unida y que Dios derrame gracia en todas las personas que conozco.

Sé que es difícil entender que no me pesa ayudar a las personas si esta a mi alcance y siempre estoy a disposición de eso, que me gusta trabajar duro y dedicarle tiempo a lo que me gusta y que hago las cosas sin interés alguno, porque si me gusta ya con solo eso soy feliz.

No entiendo porque desapareces cuando tengo éxito en mis proyectos, cuando las causas en las que trabajo dan fruto, cuando hay paz a mi alrededor y más cuando las personas que me rodean están felices.

He notado últimamente que al parecer ya te estorbo porque no he seguido tus consejos de rendirme, que me he caído pero me he vuelto a levantar, que mis metas se han ido convirtiendo en realidad y que esa lista de objetivos sigue creciendo para no quedarme atrás, que día a día comprendo más que se vive mucho mejor cuando le ves el lado bueno a las cosas, cuando se vive sin celo y envidia, cuando vivo más mi vida que la de los demás y cuando veo mas allá y no sólo como se ven las cosas por fuera.

Sé que lamentas que tus críticas en vez de derrumbarme me hicieron más fuerte, que aunque no tuve tu apoyo encontré apoyo en otras cosas, que en vez de tomar las cosas por el camino más fácil que es abandonar, preferí luchar hasta lo último aunque no durmiera y tuviera presión pero al final todo valió la pena.

Después de todo confirmo que esto será como una despedida, estoy consciente que de vez en cuando te aparecerás y tratarás de intimidarte con un “te lo dije” o “yo lo sabía” pero ya estoy más que preparada para responder con un “Lo intentaré de nuevo” o un “No me daré por vencida” porque a pesar de que las cosas a veces no salen como uno quiere uno aprende de todas las experiencias.

Sin más nada me despido, pero espero que tengas siempre pendiente que aunque tu manto oscuro quiera cubrirme tendré una luz me iluminará.

Atentamente:

Otra luchadora que no se dió por vencida

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